jueves, junio 23, 2005

Carlos Barbarito. El viaje de Ramón Dachs

Me toca presentar estos poemas de Ramon Dachs. Y lo hago con alegría y gusto. Es una obviedad lo que voy a decir pero siempre es bueno repetirlo: en pocas líneas es imposible abarcar la obra de un escritor. Esto es, entonces, una invitación a la lectura de un poeta cuya escritura resulta –como afirma Giuseppe Tavani- sugestiva y sugerente. Sugestión que surge de la propuesta poco común de este barcelonés nacido en 1959 cuyos elementos son la intertextualidad, la difracción de la poesía tradicional –así lo corrobora, entre otros, Paola Elia-.

En mi biblioteca dispongo de un libro suyo, Libro de amiga seguido de Fronda adentro, además de una traducción de Poemas de Pic Adrian, poeta, pintor y humanista rumano nacido en 1910. Hitos de un vasto proyecto multilingüe (catalán, español, gallego y francés), Eurasia, en el que se desarrolla toda su producción poética. En este proyecto caben las reescrituras de cantigas, la reelaboración de la mitología y el folklore, el palimpsesto.

En Ramon Dachs se conjugan belleza, concisión, esencialidad. Estas tres características aparecen en su poesía de modo recurrente y reaparecen en los poemas que, bajo el título de Sin juicio, aquí se reproducen. El propio poeta da una detallada noticia de la génesis de sus coplas. Cualquier comentario al respecto sería redundante. Pero no resisto la tentación de repetir estos versos:

Ya se fueron los dioses;

se marcharon sin prisas.

Nos dejaron los ecos

de sus últimas risas.

Y estos otros:

La materia persiste

sin principio ni fin.

Sea orgánica, o no,

habrá siempre festín.

Me parece que entre unos y otros cabe la poesía de Dachs. En su ascetismo a esta altura proverbial no ahorra miradas a lo oscuro pero, aun en los pasajes plenos de angustia, de desolación, de desasosiego, no deja jamás de enfilar la proa hacia la belleza.