viernes, febrero 03, 2006

Raquel Jodorowsky
Introducción et allegro para la poesía de Carlos Barbarito


Conocía sus cartas, finas arqueologías de sus mundos interiores, paredes de volcanes sus palabras.
Y de pronto me llegan sus poemas, otros universos de color. ¿Cómo presentarlos al lector?... Es como echar una capa de luz a lo que ya es luminoso, a una fuente de energía solar.
No puedo describir a Carlos Barbarito como un poeta joven.
Pues es imposible dividir la poesía en poetas jóvenes o en viejos poetas.
Con la poesía se nace, acompaña a lo largo de la vida y sus edades.
Se es o no se es. No se forma un poeta por logros intelectuales. Es una razón secreta, un gen invisible, viene con la sangre y como el alma no se termina ni con la muerte.
Carlos Barbarito vive profundamente y al son de su poesía baila la naturaleza.
Sus poemas traen ruidos, posibilidades de nuevos lenguajes que ponen a nuestra disposición ocultos juegos.
Sus poemas dan el testimonio de su época sin estar por ello condicionados ni sometidos. Y debemos escucharlos con las alas dobladas.
Así Barbarito aplasta las oficiales fórmulas literarias y nos regala un mañana de oro, donde la frescura y la espontaneidad nos envuelven y queremos vivir para siempre bajo el fuego de su poesía.
La presente edición de sus poemas (*) es una caja de fondo.
Contiene los valores de un hombre que agrega palabras al color, que dice o inventa una nueva religión, que nos guía de lo visible a lo invisible.
Un libro de poesía para programar próximamente en las computadoras universales.
Con amor


(Lima, Perú, agosto de 1981)

(*) Este escrito iba a ser un prólogo a un libro de poemas que nunca se publicó. Supongo que muchos de sus poemas fueron a dar a Éxodos y trenes. No lo recuerdo ya. Extravié, en alguna de mis mudanzas, este texto que acabo de recibir hoy, 3 de febrero de 2006, de la propia Raquel Jodorowsky, por vía postal, desde Lima.