jueves, diciembre 14, 2006

III. Albrecht Dürer, 1502

¿A quién ofrecerle este oro?
Una música larga, tañida, pulsada,
una larga soga de techo a techo
de la que cuelgan, sin ser movidos,
aunque sople, por el viento,
papeles manchados por un aliento puro,
un amor casi puro,
bermellón, terracota. ¿Y esa liebre?
¿Esa virgen rodeada de animales?
¿A quién ofrecerle el desnudo,
las manos antes de la malaria,
la altura que no precisa de puentes,
la mirada puesta en aguas que se componen
y se descomponen, alas
que rasgan la superficie
y, abajo, la misma, eterna sed
de proporciones y perspectivas.
¿A qué médico, a cuál vida
o hacia qué muerte, linfa, enjambre,
aliento de lobo marino,
arena?