jueves, diciembre 14, 2006

IV. Andreas Vesalius, Padua, 1538

Corta materia inmóvil,
inútil eco de antiguo, ardoroso amor
entre raíces. Corta
como quien siente piedad
por un animal enfermo,
por una hoja que cae
como caen un astro, la inocencia.
(En un espejo remoto
se refleja, todavía,
el desnudo perfecto.)
Corta un dolor que persiste
después del corte,
impregna el metal, la mano,
más allá del cuarto, el suelo, las piedras,
más allá del mundo, esferas
tan improbables como puras.