lunes, diciembre 04, 2006

Carlos Barbarito: Claudia Bonder: En cuerpo y alma

En el Diccionario Enciclopédico Abreviado Espasa Calpe, edición de 1957, puede leerse: DESNUDO, DA. (De des, intens., y el lat. nudus, desnudo). adj. Sin vestido. ¶ fig. Muy mal vestido e indecente. ¶ Falto o despojado de lo que cubre o adorna. ¶ Falto de una cosa no material. ¶ fig. Patente, claro, sin rebozo ni doblez. ¶ Bot. Sin hojas, refiriéndose al tallo; sin cáliz, ni corola, refiriéndose a la flor. ¶ Esc. y Pint. Figura humana desnuda, o cuyas formas se perciben aunque esté vestida. En la mayoría de estas definiciones, lo que impera es el concepto de falta, de carencia. El desnudo es natural, tiene que ver con la naturaleza –nacemos desnudos-, pero, por razones culturales, morales, en nuestras sociedades, nos cubren de inmediato y el desnudo se convierte, entonces, en una anomalía. Incluso, en una de las definiciones, estar mal vestido también se considera desnudez. Para no estar desnudo no sólo que hay que vestirse, además hay que vestirse bien, seguir al pie de la letra lo que se estila. En la historia del arte, la figura humana desnuda tiene una historia vasta y compleja, siendo objeto de diversas consideraciones conforme tiempos y circunstancias. Pero es con Manet y su Desayuno en la hierba cuando el desnudo se convierte en un elemento transgresivo, aun cuando el pintor pareciera seguir una línea clásica: el último Barroco francés que a su vez seguía a Tiziano y Rafael donde aparecen mujeres desnudas junto a hombres vestidos. ¿Por qué el escándalo? Primero, porque se trata de una mujer burguesa cualquiera sin ropas en compañía de dos hombres; luego, por el contraste entre los sacos negros de los hombres y la desnudez de la mujer, sin tonos intermedios –que potencia el desnudo al límite-. Además, el empleo del negro puro no se consideraba académico. En su Olimpia, Manet agrega cotas aún más altas al escándalo: ya no se trata de referencias mitológicas u orientales, se trata de una mujer de carne y hueso. La mujer tiene sólo unos zapatos con tacones y, como si fuera poco, dirige la mirada al espectador como si fuera uno de sus clientes. A casi siglo y medio de distancia, lo transgresivo derivó en costumbre, en gesto repetido e, incluso, en actitud celebrada por lo establecido. El peligro, de un modo u otro, fue objeto de conjuro. Las alternativas hay que buscarlas por otras vías, incluso en territorios que hasta cierto momento del arte contemporáneo no hubiesen sido ni consideradas. En Claudia Bonder hay mucho más que una celebración del cuerpo. Su arte no se agota con la exhibición de la desnudez como tal. Trata de situarse más allá de la apariencia y lanza su sonda en dirección a lo que ella llama alma -que es la condición de la mujer que no es el objeto que muestran los medios con su habitual vileza-. La fotógrafa prefiere la sensualidad. Y acierta. Porque es la sensualidad lo que, la propia artista lo dice, genera inquietud en el que frecuenta las obras. Y la inquietud obliga a preguntarse. Y las preguntas enriquecen, hacen surgir planteos, cambian el punto de enfoque. Lo que sigue es una breve entrevista a Claudia Bonder.

¿Cuánto de registro de la forma y cuánto de erotismo hay en tus fotos?

La verdad es que si tengo que ser "concientemente sincera" creo que mis fotos no tienen esa cuota de erotismo que puede ponerle la mirada del espectador. Y sí "sensualidad". Mis obras no se pueden apreciar totalmente en la primera mirada, hay algo que queda oculto cuando se las mira por primera vez. Por algo le puse a la exposición El cuerpo y alma. Creo que me estás pidiendo que explique lo que para mí es casi inexplicable. Trato de retratar el cuerpo femenino, no como un objeto desnudo. Si por algún instante se me hubiera pasado por la cabeza que la gente que va a ver la muestra sólo miraría cuerpos desnudos o con carga erótica, o se haría estas preguntas, creo que no lo hubiese hecho. Mi necesidad como mujer y fotógrafa pasó por desnudar a la mujer como mujer, desde todo punto de vista, y este material es el resultado..

¿De qué manera utilizás la luz y las sombras? ¿Qué iluminás de cada modelo y qué dejás en la oscuridad?

Antes de cada sesión yo me armo un cronograma de lo que quiero lograr .Y de acuerdo con eso, es como coloco las luces. Si la idea es lograr sólo sombras ilumino de una manera, y si la idea es que sólo se vea un segmento, parte o silueta lo hago de otra. Por supuesto esto va cambiando a lo largo de la sesión y depende bastante de lo que vaya surgiendo durante la misma. Lo que te puedo decir es que la luz es un elemento tan importante como la modelo, y que la mezcla o fusión entre ambos me va guiando.

¿Cómo es tu relación con las modelos? ¿Tienen ellas libertad de movimiento en las sesiones o, por el contrario, todo se circunscribe a un guión previo e inamovible?

Primero converso con ellas, les muestro mi idea en archivos o bocetos, les cuento que quiero lograr. Luego, el trabajo se divide en dos etapas: una, guiada por mí para lograr lo que tengo en la cabeza y otra, las adaptaciones que puedo hacer a esa primera idea de acuerdo a las sugerencias de ellas. También, es importante lo que me sugieren los movimientos de las modelos, sus actitudes y gestos..

Finalmente, ¿por qué alguien se desnuda ante una cámara fotográfica? ¿Por qué un fotógrafo retrata ese cuerpo desnudo?

La razón por la que alguien se desnuda ante una cámara, habría que preguntársela a las modelos. Yo te puedo decir mí y de mi trabajo. La elección de la modelo para mí es muy importante. Debe haber respeto mutuo y debe generarse un vínculo de complicidad y comodidad entre ambas. Eso logra con charlas previas y permite que el clima ideal se genere y el resultado de las tomas den con lo deseado. Creo que el cuerpo de una mujer desnuda, a pesar de que su apreciación que fue cambiando con el tiempo, siempre genera en el espectador cierta inquietud y especialmente cuando está despojado de ropa pero no de otros elementos, que en éste caso no son telas, ni transparencias, sino juegos de luces, complementaciones de imágenes. Captar la sensibilidad, el movimiento, la plasticidad, y la ductilidad del cuerpo femenino está para mí siempre en primer término, sin olvidarme de la actitud, que seduce por sí sola, y la postura y la mirada cuando son necesarias. Siempre trato de lograr imágenes que sugieran y que la mirada del espectador sea la que decida donde empieza y donde termina cada una de ellas. Ese intercambio es lo que hace más enriquecedora la obra.