sábado, enero 13, 2007

Héctor Ranea. Comentario al Leonardo de Barbarito

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¿Quién puede animarse a esa fórmula asesina tomada del ciclo, tal vez del atanor del alquimista, ése que flota en la tempestad y el calvario del jardín de las delicias, con Bosch dentro de un árbol colorado? ¿Y encima hacerla poesía?Se puede, tal vez, hablar de los padres muertos. Se puede, con seguridad, hablar de los infantes muertos. Se puede, incluso, hablar de la flotación del cadáver de una amante entre lirios de agua, brotes de nenúfares y transparencias de carpas de colores pardos.¿Pero hablar de lo que mata y convertirlo en poesía? Podría coexistir el salaz vitriolo con la pertinaz sal de alumbre a la que alude el alquimista, podría tal vez la pez griega en su exacta cifra, compatibilizar su adherencia a la pez a secas o las heces del excremento humano en ellas convertido.Toda la acción se condensa en el último verso. Note el lector que secado a fuego lento puede estar diciendo de la lentitud de armar toda la fórmula que encierra a su Leonardo, o la velocidad a la que deben secársenos estos cerebros si queremos entender al Leonardo de Barbarito.¿Quién puede pesar dos onzas de incienso en presencia del aceite de rosas duplicado? El orden de las cosas. No va primero el vitriolo. El casamiento del salaz no debe hacerse en posición de sofocado sino de encubridor, como si el nitro fuera el súcubo del vitriolo, quien sucumbirá, en cambio, a la poderosa tensión del alumbre. El orden inverso produciría demasiada luz para mirar a Leonardo cara a cara. Mucho menos, a través de un espejo.Sólo en una fórmula como ésta podrá existir una poesía. Sin embargo, la acción de calcinar no es la misma que secar a fuego lento. Ni el alumbre de roca lo mismo que el alumbre. Hay un arriba y un abajo, un verbo escondido en una tabla sin piedra de Roseta. Un verso que dice la verdad y otro la desmiente. Un verso abriga la esperanza y el otro revela el verdadero cosmos ignorado.No es fácil escribir poesía acerca del vitriolo, aunque éste haya sido usado contra tantos poetas y tantos yazgan muertos detrás de alquimias intolerables. Por eso, secar a fuego lento es, aunque parezca otra cosa, la única acción posible. Mirar Bosch. Secar a fuego lento. Dos cosas posibles para entender a Leonardo. O no; no lo entenderemos.

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La segunda etapa de Leonardo es, en cambio, un secreto entre él y Barbarito. La fórmula dello sfumato. La que Leonardo compartió sólo con su sombra. No se sabría decir, al menos no este comentarista, si Barbarito la descubrió en Londres, en París o mirando en Ámsterdam el autorretrato de van Gogh peinado y serio con gesto de estar apenas molesto por el pintor que se insinúa al frente.¿Cómo es que aparece el vitriolo en esta fórmula? ¿Acaso la virgen fue pintada por Leonardo con vitriolo, con yeso y vino? ¿Usaría Leonardo agua de mar para representar camellos en Florencia? ¿Cómo recolectaría Leonardo humo de candela? Acaso volara en sus instrumentos pavorosos y esperara a que el humo se solidificase al filtrarlo por el veneno excogitado en la primera etapa. Acaso esa arcilla sirviese de filtro adecuado para dejar que pase el aire caliente de la candela y deposite el humo.Ciertamente, esa laca no pudo usarla Leonardo en Milán. Como Barbarito sabe, la inestabilidad inherente al vino y al humo mezclados cerca del vitriolo, hizo que en la última cena desapareciera la imagen de la única esperanza.Por eso acá no hay verbo real. Por eso todos están en infinito o son pasivos.No hay verbo. Hay descripción de un trazo de la virgen de las rocas. Tal vez. Tal vez el retrato perdido de Leda. Y si no, otro secreto.