lunes, mayo 19, 2008

Virginia del Giudice. Vanitas. Paladiotipos

La muerte acecha en cada instante y representar escenas con objetos inertes ha sido, desde siempre, tanto un intento desesperado por perpetuarlos como una mirada moralizante sobre todo lo que por el solo hecho de ser ya ha dejado de ser-lo.
Soy objetóloga por naturaleza, y desde siempre he cultivado el pasatiempo de coleccionar disímiles cositas que encuentro con el propósito de que, en algún momento, en la sintaxis de algún montoncito, cuenten una historia, descubran un secreto o rindan un silencioso homenaje.
Mis Vanitas no gritan ni denuncian, sólo abrigan la misma esperanza de aquel personaje ruso que pensaba que la belleza podía salvar al mundo.

ALGUNAS ACLARACIONES ACERCA DEL TERMINO VANITAS

El nombre Vanitas deriva de la traducción ( que algunos consideran errónea) de Habel un vocablo hebreo del texto de la Biblia Eclesiastés, Qohelet en hebreo. En este libro un personaje que es un sacerdote, a quien se le atribuye ser el Rey Salomón, nos habla sobre lo pasajero de la vida y los bienes terrenales y sobre la relación del hombre con Dios y su Creación.

Las palabras originales en hebreo eran habel habelim, y fueron traducidas como vanidad de vanidades, de allí el vanitas en latín vulgar, la lengua de la Vulgata, la famosa traducción de la Biblia. Hay quien sostiene que habel se debería haber traducido como “evanescente”, pero podemos pensar que al traducirlo como vanidad, también pudiera decir lo mismo. Habel es también el nombre del hijo de Adán y Eva, que al morir asesinado por su propio hermano se convierte en el primer ser humano que muere.

Sutilezas de traducción bíblica aparte, en la historia de la Pintura se denomina Vanitas a las naturalezas muertas que incorporan objetos que representan la fragilidad y la brevedad de la vida, el tiempo y la muerte y que fueron muy populares durante el Barroco, especialmente en los Países Bajos.


QUE ES UN PALADIOTIPO?...

La muestra Vanitas es una colección de 30 fotos copiadas con la técnica del paladiotipo. Estas copias se logran emulsionando papel de algodón de gran calidad con una mezcla de químicos a base de paladio, un metal que es mucho más noble que la plata usada en las copias tradicionales. Al paladio le he agregado en este caso un porcentaje de oro, lo que da una copia final que técnicamente debe llamarse “paladiotipo tonificado al oro”.
Las copias son pequeñas porque están hechas por contacto de placas de 10 x 12 cm. de película de 100 Asas. Al tener negativos con tanto detalle, en la copia pueden verse definidas las formas y texturas más imperceptibles, pero al mismo tiempo la emulsión, que ha penetrado la pulpa del papel, tiene una textura muy orgánica, de manera que la sensación visual es la de estar observando una especie de terciopelo. Quien mejor ha trabajado esta técnica ha sido Alfred Stieglitz, que fue además de un gran fotógrafo, un excelente printer de sus fotografías, pero en los últimos años muchos grandes fotógrafos también han elegido a esta técnica para sus trabajos más importantes.

A las copias que componen la muestra las he denominado Master Prints, porque son aquellas en las que he logrado la mayor fidelidad a la imagen que buscaba cuando tomaba la fotografía. La tirada no estará numerada porque como copiar dos fotos exactamente idénticas con esta técnica es muy difícil, cada una será casi única. A pesar de ser tan temperamental, el trabajar con materiales que pueden resistir inalterables a la luz durante muchísimos años, hacen de esta técnica mi manera de copiar preferida.


VANIDAD DE VANIDADES

La temática de la muestra tiene que ver con la fugacidad de la vida y el simbolismo está dado por la presencia de diferentes objetos, huesos y cráneos, aunque preferí usar huesos y cráneos de animales en lugar de las calaveras de las vanitas tradicionales. La primera vez que sentí que quería fotografiar el cráneo de un animal fue cuando encontré el de un lobo marino abandonado en una playa de Punta Norte, en Península Valdés. El cráneo estaba casi intacto y en la parte frontal mostraba el agujero provocado por el palazo seco que lo mató. En esa misma época conocí a un hombre ya viejo que había vivido de eso, de matar lobos a palazos, y me provocó una profunda tristeza. Quien mata sufre a veces más que quien muere, lo he visto en esos ojos, porque no todos matamos aunque todos moriremos. Aquél cráneo de lobo es el personaje central de Vanitas, una fotografía que tomé en el 2002 para el libro “Kartell 150 art works” editado en Italia y que fue la semilla de este proyecto.

Vanidad y muerte parecen palabras oscuras, pero mi percepción es la de que están juntas porque siempre hay lugar para un poco de luz y frivolidad aún allí donde reina la oscuridad. Para mi la muerte está presente siempre a nuestro alrededor, pero no como algo dramático sino como lo que le da a la vida su sentido y por qué no, también su belleza. Por eso en la sala transcribo la poesía Sólo un brillo nuevo de Hugo Mujica

en un florero
lleno de agua,
pongo una rosa

entierro una vida.

y me quedo aquí,
mirando
el impostergable paso
de una vida hacia su nada,

el andar de un tiempo
en la herida que abre.

nada cambia ante mis ojos
salvo un brillo
húmedo,

como si por no percibirla
fuera la muerte la belleza
en esta rosa.



V.del G.

Carlos Barbarito
Apuntas sobre Vanitas

Vanidad, del latín vanítas, vanitatis, calidad de vano; fausto, pompa inútil u ostentación; palabra inútil o vana e insubstancial; vana representación, ilusión o ficción de la fantasía. Vano o vana, falto de realidad, substancia o entidad; hueco, vacío y falto de solidez; inútil, infructuso o sin efecto; arrogante, presuntuoso, desvanecido. El autor del Eclesiastés, que se designa a sí mismo el Predicador (en hebreo Kohélet), expone la doctrina en forma de alocución que atribuye a un Salomón en el ocaso de su vida, nos dice que los bienes y placeres terrenos son vanos y efímeros:

Vanidad de vanidades, dice el Predicador, vanidad de vanidades y todo vanidad. ¿Qué saca el hombre de todo el trabajo con que se afana debajo de la capa del sol? -Yo, el Predicador, fui rey de Israel en Jerusalén, y propuse en mi corazón inquirir e investigar cusiosamente acerca de todas las cosas que sucedan debajo del sol. Esta ocupación pésima ha dado Dios a los hijos de los hombres, para que trabajen en ella. Yo he visto todo cuanto se hace debajo del sol, y he hallado ser todo vanidad y aflicción de espíritu. Las almas pervertidas con dificultad se corrigen,y es infinito el número de los necios.
Entonces dije yo en mi corazón: "Iré a bañarme en delicias y a gozar de los bienes". Mas luego eché de ver que también esto es vanidad. A la risa la tuve por desvarío, y dije al gozo: ¡Cuán vanamente te engañas! -Yo mandé hacer magníficas obras, me edifiqué casas y planté viñas. Formé huertos y vergeles y puse en ellos toda especie de árboles. Poseí esclavos y esclavas, y llegué a tener numerosa familia; asimismo ganados mayores y muchísimos rebaños de ovejas, más que los que habían tenido cuantos fueron antes de mí en Jerusalén. Amontoné plata y oro, y los tesoros de los reyes y las provincias. Escogí cantores y cantoras y cuanto sirve de deleite a los hijos de los hombres, vasos y jarros para servir el vino. Y sobrepujé en riqueza a todos los que vivieron antes de mí en Jerusalén. En medio de todo esto permaneció conmigo la sabiduría. Nunca negué a mis ojos nada de cuanto desearon, ni vedé mi corazón que gozase de todo género de deleites y se recrease en las cosas que tenía yo preparadas. Mas, volviendo la vista hacia todas las obras de mis manos, a los trabajos en que tan inútilmente me había afanado, vi que todo era vanidad y aflicción de espíritu, y que nada hay estable debajo del sol.

Estos pasajes, que forman parte de unos los libros que más dificultades entrañan en todo el Antiguo Testamento, han sido calificados el evangelio del pesimismo. En realidad, no se trata de pesimismo sino de escepticismo; lo que el autor del libro dice es tan serio como reflexivo, tan firme como realista. Hay un concepto inseparable del de vanidad, es el tiempo, el paso del tiempo. Todas las cosas que hizo Dios son buenas a su tiempo, es decir que Dios hace que, en el incesante vaivén de lo terreno, todo acontezca en el momento más conveniente para el conjunto. Lo que significa que lo vano es la pretensión humana de ir más allá de lo prescripto. La no aceptación por parte de los hombres de que hay un tiempo para nacer y un tiempo para morir, un tiempo para plantar y un tiempo para arrancar, un tiempo de dar muerte y un tiempo de dar vida, etc., es vanidad, ilusión o fantasía. Por ello, la otra traducción de la palabra pudiera ser evanescencia, y no estaría lejos de la idea.

Leo: Dios dejó a la humana especulación esta continua mudanza de las cosas, no para que los hombres investiguen los divinos consejos, sino para que llegen a reconocer la vanidad de todo lo terreno. Aquí hay otro aspecto de lo vano, el hombre no alcanza a descubrir lo que Dios hizo desde el principio hasta el fin pero se obstina en conocerlo. Cierta vez Marcelo Bordese me recordó un pasaje bíblico, Lc 8. 10: tal vez el mundo haya sido hecho para no ser reconocido, a propósito de la lectura de mis poemas. Si todo fue hecho por Dios para no ser conocido, entonces el afán humano por develar sus misterios es vanidad.