martes, julio 08, 2008

Carlos Barbarito. Unos apuntes

Recurro, en irrespetuosa paráfrasis, a Kierkegaard: La poesía tiene su lugar determinado; o, mejor dicho, no tiene lugar en absoluto, y ésta es cabalmente su determinación(1). Y del Sócrates de Copenhague, con la misma irrespetuosidad, a Cocteau: La gente exige que se le explique la poesía. Ignora que la poesía es un mundo cerrado donde se recibe muy poco y donde, a veces, incluso no se recibe a nadie(2). Casa sin domicilio preciso que recibe a pocos, confrecuencia a nadie: la poesía. ¿Dónde hallarla? ¿Cómo habitarla siquiera por un momento? Aquí la razón de su misterio. Aquí, también, la razón de su condena a sótanos y extramuros, por no revelar su ubicación precisa, por orgullosa, por vincularse con minorías. O, peor aún, con ninguno.

Sí, Cocteau, un poema es el colmo del lujo; aclara el francés: ...es decir de la reserva, todo lo contrario que la avaricia. Y enseguida: Un verdadero poeta se preocupa poco de la poesía. Del mismo modo que un horticultor no perfuma sus rosas. La somete a un régimen que perfecciona sus mejillas y su aliento. Despreocupación del poeta que otros confunden con ejercicios, notas, meros apuntes. Palabras al azar. Hace rato sabemos algunos -no todos- que la poesía dispone de muchos menos medios de los que se creía, que son escasos quienes logran percibir el grado de concentración en esas supuestas anotaciones. Y que no se haga alguien ilusiones: un poema es fruto de una conversación del poeta consigo mismo, se dispone según el estado de ánimo de su autor, se ciñe a lo que el autor tiene como regla --que puede variar con el tiempo--. Poemas que otros tomarán, movidos por el interés, la curiosidad, harán suyos por un proceso de identificación, rechazarán o ignorarán. A no olvidar, un poeta trabaja para sí. Pero puede conmover a otros.

El secreto está en tornar irreconocible el motivo que originó el poema. Que el lector no logre descubrirlo, por más que se esfuerce. Si lo averigua, el poema se desinfla y cae. El poema debe ser persistente misterio, animal que huye un instante antes de caer en la trampa. Poliedro que muestra una de sus muchas caras por un momento y luego otra y otra. Arbol con innumerables ramas y raíces muy profundas, inalcanzables aun para quien dispone de herramientas para cavar.


Muñíz, Buenos Aires, mayo 1, 2008

(1) Kierkegaard habla del pecado, Samler Vaerker.
(2) Jean Cocteau, Essai de critique indirecte.

Publicado originalmente en http://eltatuajedelasvoces.blogspot.com/

1 Comments:

Anonymous Anónimo said...

Te leo al principio de UN POEMA, EL COLMO DEL LUJO

Recurro, en irrespetuosa paráfrasis, a Kierkegaard: La poesía tiene su lugar determinado; o, mejor dicho, no tiene ningún lugar en absoluto, y ésta es cabalmente su determinación .

y me viene inmediatamente al recuerdo una frase de Leónidas Lamborghini: "Se escribe desde ningún lugar. Si hay lugar, no hay poesía."

Te sigo leyendo:

"Hace rato sabemos algunos –no todos- que la poesía dispone de muchos menos medios de los que se creía, que son escasos quienes logran percibir el grado de concentración en esas supuestas anotaciones."

Y ahí está, la mayor fragilidad, la soledad y la intemperie y los más frágiles espejos del laberinto-lector.
Un científico monta una teoría universal con todo el rigor de la aritmética, de la lógica, del saber ya asentado en siglos de observación, experimentación, medición, hipótesis y leyes, y aunque también eso como a Ptolomeo se le puede venir abajo de una mirada copernicana, o como a Newton se le puede cambiar por la relatividad einsteniana o por la física sub-atómica y ya es otro universo Pero nosotros lo tenemos que volver a intentar cincuenta veces, cien veces, y el vacío sigue, y otra epifanía y otro vacío, la entropía anímica sigue a cada plenitud fugaz, vuelve la conciencia de que no podemos parar la consumación del vivir.
La tropa, las fuerzas armadas, parecen tener un lugar o lo toman por la fuerza; el centro financiero parece tener un lugar, un volumen de dinero en movimiento; el empresario tiene un lugar, el médico tiene un lugar, el juez tiene un lugar, el árbitro de fútbol tiene un tiempo y lugar, la última prostituta tiene un tiempo, un modo y un lugar...pero la poesía no. Y el poeta es uno con su poema sólo en ese vertiginoso y frágil instante y el poliedro interminable no puede dejar de mudar su cara visible y lo invisible no puede dejar de urgirnos, de instarnos
y no hay nadie como copiloto ahí, no hay torre de control que nos siga el vuelo o la caída.

Rubén Vedovaldi

12:49 p. m.  

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