martes, enero 17, 2012

Gabinete




                                     
David Fokos, Eight Rocks and a Stone, Chilmark, Massachusetts, 2000


          Dos ciudades exactamente iguales, una en la costa y otra sumergida.  Lo único que las diferencia es el sonido de las campanas de sus iglesias, al propagarse por el aire y por el agua.



          Dos aves, una ciega. Las dos cantan pero el canto del ave ciega se asemeja a un repetido y obstinado golpe de martillo sobre un metal que proviene del fondo de la tierra, al que sólo llegan las raíces.



          Desherbar y luego dormir mientras la hierba crece de nuevo, más densa y más alta.



          Mira por la ventana y sólo ve oscuridad.  Piensa que en la oscuridad hay gusanos que barrenan la madera y bestias que hunden en el suelo sus afiladas pezuñas. Piensa en  gusanos y pezuñas, barrenando y penetrando en la oscuridad, detrás de la ventana. Y así cada noche, desde que recuerda, sin animarse a abrir la ventana, a saltar afuera para confirmar o no lo que desde siempre supuso. Me pregunto cuál verdad le sería más terrible.



(de Materia desnuda, inédito)


[1] Como una alegría sin cuerpo cuya carrera acaba de nacer. (To a skylark)