lunes, julio 02, 2012

GRUPO CASA AZUL CUMPLE CINCO AÑOS, REVISTA BOTELLA DEL NÁUFRAGO N° 19, VALPARAÍSO, CHILE, JULIO DEL 2012‏


Amigos: el 14 de julio cumple cinco años nuestra organización.
Les pedimos que como colaboradores difundan por correo.
Va con toda la fuerza de este invierno.

Abrazos
Karina

Creación y crítica: hacia un paradigma de la resistencia cultural
Grupo Casa Azul reflexiona acerca de su compromiso con un arte y literatura de carácter propositivo que ofrece una resistencia contra de la fácil reducción del acto creativo a las tendencias de moda, digeribles para la gran masa y para el sistema hegemónico. Tanto en poesía, narrativa y ensayo, como en las obras visuales en este número, tienen en común la apuesta a “una poética en sentido amplio”, donde el rescate de críticos como Marta Traba en nuestras reuniones aporta nuevas herramientas de análisis sobre el campo cultural en Valparaíso. Prohibido no criticar da cuenta, en un dossier especial dedicado a este punto, de las dinámicas políticas y teóricas de un sistema de arte regional que aun funciona desde la matriz de la colonización ideológica. En este contexto, se hace vigente lo que Traba señala, en los 70, respecto a que la: "crónica de arte en nuestros países está hecha en su inmensa mayoría de mentiras, falseamientos e inflación de mediocridades, armadas con páginas hilarantes producidas por la imaginación parnasiana de poetas y escritores que, impelidos por la amistad no vacilaron en el ditirambo. Sin embargo, el papel de revisor y desmitificador que le compete en primer término al nuevo crítico carece enteramente de popularidad; nuestros públicos defienden ardientemente las fabulaciones culturales como patrimonios que les han sido legados y deben mantener a todo trance". (Marta Traba. Dos décadas vulnerables en las artes plásticas latinoamericanas, 1950-1970, México, Siglo XXI, 1973)
Constatamos enrabiados que esta cita, escrita hace más de 40 años, está vigente en su totalidad si observamos el campo cultural porteño. El pintoresquismo de las vistas de ascensor sobre la bahía se enseñorea del imaginario local y es sujeto de exposiciones institucionales; las columnas de “crítica” en diarios y periódicos tienen como vara de medición un lastre que se arrastra del siglo XIX; la mala crítica no quiere perder popularidad, apoyando lo mismo que defienden nuestros públicos: la poesía maldita y referencial, el bodegón, la marina; lo pintoresco en todas sus facetas.
El primer paso para resolver este problema de la mala crítica es reconocer todo lo que con él se relaciona: cuáles son sus causas y sus consecuencias, dónde se haya localizada esta mala práctica y de qué modo nos compete como organización cultural y escritores. El principal instrumento contra esta dificultad es el deseo auténtico de querer resolverla y sortearla. La animadversión o nuestras preferencias afectivas nunca han sido buenas consejeras a la hora de desarrollar un trabajo crítico. Si queremos resolver el problema heredado por esta mala crítica y la mala calidad de muchos productos culturales que observamos en el medio, tenemos que mirar el modo en el que estamos implicados en este problema. Es decir, necesitamos desmontar la tradición crítica existente, sencillamente, porque consideramos que no está pudiendo digerir el núcleo de nuestro proyecto contemporáneo de investigación poética.
Nuestro arte no se puede hacer coherente con los valores de la sociedad neoliberal posmoderna que establecen sus clases rectoras, porque eso significaría que nuestra “poética en sentido amplio” aceptaría reproducir el sistema que se impone en todos los órdenes de la existencia, desde lo económico hasta las costumbres y la moral. Nuestro arte no acepta decir que el arte superior es el de ellos (europeos, norteamericanos) y no el de los pobres y desheredados del tercer mundo. No hemos mellado la agudeza de nuestro ataque, porque en esta época ácida, la experiencia concreta de la vida, desde el ´70 en adelante, nos ha mostrado la cara más dura del mundo. Por eso no podemos ni queremos buscar un equilibrio entre nuestra visión real de las cosas y ese público, culto antes y ahora ignorante, que se nos ofrece como posible consumidor. Equilibrio que implica bajar el valor estético de nuestras obras con tal de ajustarse a un gusto conservador que no exige filo crítico.
La opción radical por la liberación de la expresión verbal tiene por motivación la liberación de las ideas. Por eso evitemos a toda costa los clichés de la poética del s. XIX o de la experimentación a ultranza que lleva a un vaciamiento del sujeto como ocurrió con cierta poesía francesa. La poética que defendemos debe no solo ser contemporánea en la forma sino en el contenido; en caso contrario, seguiremos escribiendo al ovejero o al perro amigo tratados en sus meras referencialidades, cayendo con esto en “mediocridades o arcaísmos que perviven en los temas poéticos”, según palabras de Ángel Rama.
En las páginas de la Botella, la audiencia se enfrentará a propuestas del arte y la literatura que intentan transformar la realidad a través de una indagación abierta de los códigos estéticos relacionados con la poesía, la pintura, la fotografía, el fotomontaje y otros lenguajes. Después de cinco años de resistencia, creemos que nuestra revista se ha ganado el derecho a reflexionar el campo cultural e instaurar una poética propia que sea necesariamente subversiva, crítica, transculturada, interdisciplinaria y, por sobre todo, latinoamericanista.


Presentamos a la Revista Literaria El Puñal,http://elpunal.blogspot.com/
y El Colectivo Río Negro, http://colectivorionegro.cl/


Centro de investigaciones poéticas
Grupo Casa Azul